Las tatuadas y los tatuados herviremos

Al igual que mi amigo Carlos Andrés Pérez, ese excelente presidente que sí supo gobernar esta nación, yo soy una fanática de la llamada superautopista de la información.
El día de ayer, mientras buscaba algunas citas bíblicas (porque una sí lee la Biblia, no sólo la cita sin saber, ni la interpreta a su antojo como hacen otros...) me he encontrado con que ahora las tatuadas y los tatuados arderemos en el infierno, ¡haremos ebullición pues!.
El señor Dawlin Ureña, pastor evangélico, dice que "Si hace 3,000 años a Dios no le complacía que nos mutiláramos la piel con heridas y con marcas imborrables como son los tatuajes, a Dios tampoco le agrada que lo hagamos hoy". El amigo Dawlin (tocayo de un sobrino mío que nació en el cerro y se crió en el cerro) llega más lejos todavía y nos sugiere que si nos tatuamos, es decir pecamos, "...una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego ..." nos ha de devorar.
Me sentí particularmente afectada por su comentario y próxima a hervir en fuego porque yo también estoy tatuada. Aunque ustedes no lo crean, hace no mucho tiempo atrás, cuando mi Eustoquio y yo pasábamos unas placenteras vacaciones en Miami Beach, al ver ese montón de cubanas sugerentes en la playa, me pidió en un arrebato de locura juvenil, que me hiciera un tatuaje que sólo él tuviese derecho a ver. Yo, por supuesto, lo complací.
Pero lo que definitivamente me puso de mal humor no fue la retórica puritana, sino su vínculo con algo más cercano: las continuas afrentas a la libertad que intenta este gobierno autoritario a través de vías cada vez más retorcidas. Para nadie es secreto que los cristianos evangélicos están con Chávez, pero que ahora se atrevan a manipular nuestro derecho a tatuarnos, ¡eso es el colmo!.
Así que, queridos conciudadanos, desde esta humilde tribuna hago un llamado para que las tatuadas y los tatuados salgamos a la calle a defendernos de este nuevo atropello a la libertad.


